Asomados al balcón de la vida

Se llevó a cabo la entrega de diplomas a los Bachilleres del Nivel Medio de Adultos y Bachilleres del Nivel Polimodal de la Escuela de Educación Media Nº5. Un ejemplo de constancia, esfuerzo, decisión. Un ejemplo que muestra que para el estudio siempre hay tiempo.

Ciertamente estamos acostumbrados a las ceremonias de entrega de diplomas, cuando luego de varios años de estudio, llega el tan ansiado título, ese que en las más diversas especialidades, hace al porvenir de una persona. Ciertamente que nos resulta un hecho cotidiano cada fin de año, cuando se cita en un lugar público, se invita a familiares y amigos, se organiza un acto protocolar y se hace entrega simbólica de ese papel enrollado que carece de valor legal pero…cuánto valor tiene medido con los ítems tenidos en cuenta por el corazón!…

Hay en él un cúmulo de sacrificios, de noches de largas memorizaciones de tal o cual texto y mañanas amanecidas de repasos de lo estudiado a noche anterior; hay fríos de esos inviernos en los que levantarse temprano, vaya si cuesta; hay deseos del fin de semana y el descanso lógico después de días de clases; hay horas de atención en el aula con todas las `antenas’ puestas en lo que el docente dice y explica; hay tiempo de tareas, de investigación, de trabajos en conjunto, de extraclases; hay diversión y pasatiempos un tanto dejados de lado a la hora del estudio.

Pero también hay para otros, vivencias diferentes en esto del esfuerzo por lograr un título: hay apurones para dejar la comida preparada para la familia antes de irse a la escuela; hay cansancios y párpados obsesionados con dejarse caer en clase, cuando del trabajo hubo camino directo al salón; hay atenciones a los hijos que se programan para también programar el horario de clases; hay maridos o esposas que apuntalan y apoyan en esta decisión -ni tardía ni a destiempo, sino en otro momento- de comenzar a estudiar o retomar estudios inconclusos. En ambos casos -para jóvenes o adultos- los sacrificios parecen inadvertirse cuando llega el momento de la entrega de diplomas y sin embargo…cuánta lucha hay detrás de ese momento simbólico, ese soñado y esperado encuentro con la educación.

Por eso, cada vez que ese `papelito enrollado’ llega a manos de alguien, bien vale la pena reconocerlo, resaltarlo y admirarlo, porque no es otra cosa que el logro de la inefable fuerza del corazón.